LA ANOMALÍA DE LA CONSCIENCIA

 

 

Artículo publicado en revista ENIGMAS nº 204

 

¿Qué es la consciencia? ¿Cómo es ese puente de mando que controla nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestro ser?

Desde el inicio de la historia de la humanidad esta pregunta ha removido las mentes de los grandes pensadores de todos los tiempos. Una pregunta que en definitiva trasciende hasta nuestras más existenciales inquietudes sobre qué demonios somos nosotros. ¿De verdad somos algo más que productos orgánicos, o es que, quizá de alguna manera, necesitamos pensar que somos algo más, que trascendemos a este mundo material? ¿Es posible que seamos simples organismos, quizá más complejos que el resto de las especies de nuestro árbol taxonómico?

Sobre la mesa está el debate de si “nosotros”, nuestro yo, nuestra conciencia o nuestra alma, reside en nuestro cerebro, como resultado de los infinitos procesos electroquímicos que en él se producen, o por el contrario nuestra esencia reside en algo ajeno a nuestro cuerpo, algo no mensurable, indetectable por los mecanismos materiales de los que la ciencia cuenta. Un debate, antaño relegado a filósofos y eruditos pensadores, hoy día se somete al bisturí de la ciencia moderna. Dos posturas enfrentadas, irreconciliables y a la vez inquietantes por igual siguen tratando de dar respuesta a lo que podríamos llamar El Misterio. Esta cuestión trasciende más allá de las investigaciones científicas, y, de alguna manera, diferencia las dos formas de ver el mundo, de entenderlo, o de vivirlo. Gente que habla de “realidad” de “pruebas”, del “si no se prueba no existe”, del “si no lo veo no lo creo”, “de que hay demasiada gente crédula” y por otro lado quienes hablan de “espiritualidad”, “anomalías”, de que “no todo es tangible”. Eruditos, grandes exponentes de ambos argumentos, camuflan sus diferencias entre elocuentes y versadas líneas donde apuñalan dialécticamente a sus contrarios, pues, quizás, La Pregunta, se acerque demasiado a la propia esencia de nuestro ser y saque a flote nuestras inseguridades más básicas. Qué podemos decir ante la que quizá sea la pregunta más importante que jamás nos hagamos. Una pregunta que desata encarnizadas discusiones y evoca preguntas arquetípicas. ¿Somos sólo materia?

 

 

La consciencia mecanicista

 

Puede que eso que nos hace humanos, esa idea de un ser sofisticado, espiritual y de profuso mundo interior, sea sólo una ilusión, una percepción irreal creada por nuestro complejo organismo.

Todo el flujo de datos de nuestro cerebro, todos nuestros pensamientos, nuestras inquietudes… quizá no sean la expresión de una consciencia supramaterial, si no simplemente el resultado del cúmulo de informaciones y datos que hemos recogido durante nuestra vida y por tanto nuestro “yo” simplemente sería la causalidad de nuestra experiencia, y me explico. Cuando uno se para a pensar por qué hace las cosas, o de donde le viene esa idea, o por qué quizá opina de esa manera sobre cierto asunto, y lo hace de manera analítica y lo más objetiva posible, se percata de que posiblemente todo provenga de esa causalidad de nuestras vivencias, es decir, de ciertas situaciones en nuestra vida que nos han llevado a pensar de esa determinada manera o a actuar así. ¿Se ha parado a pensar por qué usted es quizá aficionado a un determinado equipo de futbol? Quizá cuando era joven algún familiar cercano simpatizaba con ese equipo; quizá durante un momento de debilidad personal la victoria de ese equipo le sacó de ese túnel; quizá los colores de su equipo estén arraigados en el barrio en el usted creció… seguramente haya alguna explicación causal a esa filiación que le hace mantenerse fiel a un equipo que, pierda o gane, juegue mejor o peor que el contrario, es su equipo. ¿Ha pensado usted, por qué quizá sienta debilidad por los animales? ¿O por qué puede que tenga una cierta idea del bien y del mal? Podemos plantear razonablemente, que toda esa personalidad, ese carácter, son el cúmulo de la causalidad derivada de todas nuestras experiencias vitales y nuestra genética, y es nuestra consciencia la presunta encargada de dirigir todo ese cotarro de ideas y sensaciones.

 

Sorprendentemente nuestra mente también tiende a rellenar aquellos apartados incompletos de nuestra percepción para darnos una idea de conjunto, o una idea acorde con nuestras experiencias. Por ejemplo, nuestra propia visión, centra su atención en puntos muy concretos y de alguna manera, nuestro cerebro interpreta el resto de la imagen, hasta que la visión realmente concreta el resto de elementos de la imagen. Otro ejemplo podría ser el fenómeno de la pareidolia, donde nuestra mente tiende a asociar ciertas imágenes con otras arraigadas en nuestra memoria, como el ver figuras en las nubes.

 

Otro ejemplo que tiene nuestro cerebro de "rellenar" y dar una idea de conjunto, sería el ejemplo curioso cuando uno observa un lienzo expuesto en un museo, uno se maravilla con la nitidez que llegan a conseguir algunos artistas con un simple pincel. Obras de arte tan detalladas que incluso parecen fotografías. El observador, al contemplar por ejemplo en la pintura un detallado empedrado de una calle, se percata, al acercarse al cuadro, de que tal empedrado no son más que meros puntos toscos precisamente dispuestos, nuestra mente, nuevamente ha asignado una realidad más compleja o más detallada a algo que no lo es, precisamente porque trata de rellenar esos espacios incompletos de nuestra percepción.

 

De alguna manera a nivel biológico podríamos plantear lo mismo. El hecho de que exista una casi infinita especialización celular, confiere una complejidad al funcionamiento de nuestro organismo que se nos escapa. Podríamos hablar incluso de “teoría del caos” o más popularmente conocido como efecto mariposa. Es un término que se acuña en matemáticas a sistemas dinámicos donde el sistema es muy difícil o imposible de predecir, debido a la sensibilidad de las variables o al gran número de ellas que lo pudieran modificar. El ejemplo más recurrido es la meteorología. Bien le achacamos a lo pobres meteorólogos el no dar ni una con los pronósticos del tiempo para los próximos días, pero es que un sistema meteorológico depende de infinidad de variables en todo el mundo. Un simple cambio de temperatura a miles de kilómetros podría provocar una modificación de las condiciones meteorológicas en nuestro país. ¿Esto significa que el clima es impredecible? No, simplemente no conocemos ni tenemos los instrumentos suficientes para poder controlar todas las variables del sistema. De hecho si fuéramos capaces de conocer y medir todos los parámetros y variables del clima de todo el mundo, podríamos predecir el clima de cualquier momento de nuestro futuro. Es lo que denominamos un sistema determinista.

Para muchos esto podría ser aplicado a nuestro organismo y por ende a nuestra consciencia, que no sería más que la ilusión de un sistema determinista increíblemente lleno de variables y parámetros. Si pudiéramos controlar todas las variables de nuestro organismo y todas las respuestas que hemos dado a las situaciones de nuestra vida, ¿Seríamos capaces de predecir el resto de nuestra vida? Al final, nada nos separaría del resto de seres vivos del planeta más que la mera complejidad o evolución.

Así, para el físico y matemático Douglas R. Hofstadter, director del Center for Research on Conceps and Cognition, la conciencia no es más que una mera ilusión, un espejismo creado por un organismo altamente complejo. Para el americano, cuando un organismo llega al nivel de complejidad que alcanza el ser humano se produce un cambio drástico. Se activan mecanismos de autopercepción, es decir, de alguna manera comenzamos a ser conscientes de nosotros mismos, como a vernos reflejados en un espejo, nuestro refinamiento de la percepción alcanza cotas máximas, y así se genera un “yo” y de ahí la ilusión de una luz interior. “Somos espejismos que se perciben así mismos, y el único mecanismo mágico que hay detrás es la percepción” afirma el científico.

 

¿Pero por qué este planteamiento materialista, mecanicista o tan determinista no nos gusta? Como dice el filósofo de la ciencia Daniel Dennett, “a nadie nos gusta que nos desvelen el truco de magia”. Para Dennett, el aparente truco de magia, subproducto de complejos procesos biológicos y psicológicos, es en definitiva un truco, y por tanto no real. Y se produce una negación, una actitud a la defensiva de las personas que no quieren conformarse con esa idea del ser humano, quizá un anhelo ilusorio de sentir que somos algo más, puede que un aliento del instinto de supervivencia.

 

Las conclusiones de planteamientos como los anteriores muchas veces son casi ineludibles: nuestra conciencia, no sería más que un subproducto “ficticio” de un organismo altamente evolucionado y de la acumulación de experiencias vitales, de lo que surge como respuesta un “yo”. Un “yo” causalidad de la vida que he llevado y las repuestas que he adquirido a las situaciones de mi experiencia, de lo que podríamos inferir de hecho, que el libre albedrío sería una mera ilusión.

 

Este paradigma plantea también profundos dilemas morales. ¿Dónde está la gran diferencia entre “él” y “ello”? Si todos somos meros organismos más o menos complejos, una persona con discapacidades mentales… ¿es menos persona? ¿Y un feto? Esta visión del ser humano abre un campo de debate muy extenso para los filósofos de la ciencia.  Sin embargo, el propio Hofstadter, en su libro “Yo soy un extraño bucle”, reconoce:- “Si, en cambio, creemos que la consciencia, (escrita ahora con minúscula) es un producto de las leyes físicas, no da lugar a la existencia de nada que se halle “por encima” de éstas. La idea resulta atractiva para una mente científica, porque es mucho más simple que el dualismo. Elimina esa incómoda dicotomía entre entidades físicas ordinarias y extraordinarias esencias no físicas, y suprime la larga lista de cuestiones acerca de la naturaleza de esa invisible Esencia con Mayúscula.”  Entonces no será que el debate reside simplemente entre personas con distinta forma de ver el mundo. Para las mentes científicas de nuestro tiempo es necesario lo mensurable, lo contable, lo material, lo tangible, aquello ajeno a este mundo, aquello que pueda escapar del método científico, simplemente no existe.

 

Sin embargo, la ciencia hace su trabajo, dudar drásticamente de aquellas cosas que no puedan ser revisadas, y repetidas en laboratorio, no puede dar un paso en falso, y gracias a ella seguimos avanzando en el conocimiento de nuestro mundo.

 

Pero esta versión mecanicista o materialista de la raza humana, plenamente amparada por la ciencia, hace que hablar de algo ajeno a una complejidad biológica, hablar de dualismo o de que algo de nosotros mismos es ajeno a este cuerpo, esté relegado a una visión mágica, casi infantil, pero como veremos a continuación, muchos científicos están sacando a la luz de forma clínica, anomalías que ponen en entredicho esta versión del hombre.

 

 

 La consciencia como “algo” no local

 

Pero para muchos científicos, pensadores, y divulgadores, la conciencia no puede limitarse a un mero resultado bioquímico. Alejándose de interpretaciones espirituales o religiosas, muchos científicos, desligándose de la corriente mayoritaria, han aceptado que no es ni será posible determinar la base biológica de la consciencia, simplemente porque no la tiene.

Estos investigadores han cambiado diametralmente su forma de pensar acerca del mundo tras descubrir lo que parecen hechos irrefutables.

 

Dentro del paradigma materialista, la merma de funciones cerebrales, supondría una “disminución” de la consciencia, y por supuesto, el cese de la actividad de nuestro organismo supondría el cese total de nuestro “yo”. Pero el ser humano, precisamente en situaciones críticas, en situaciones incluso cercanas a la muerte, o en momentos de muerte clínica, es capaz de seguir recogiendo información y no sólo eso, la consciencia no cesa, sino que aumenta la percepción de ésta, se intensifica. Eso es lo que han documentado médicos de todo el mundo, que incrédulos, no pudieron negarse ante tales experiencias. Casos clínicamente documentados avalan que en esos momentos límite, bajo extrema sedación o incluso en momentos de reanimación cardiopulmonar, donde el corazón se ha parado totalmente, los afectados refieren, nada más cobrar la consciencia, que se han encontrado en un estado lúcido. Bajo esas circunstancias, no sólo la experiencia no es confusa, sino que los pacientes manifiestan haberse vistos en un estado mucho más consciente de esa consciencia, valga la redundancia.

Profundizar en estas experiencias aportaría valiosa información acerca de nuestra consciencia, la cual, bajo esta perspectiva, indica que se muestra o magnifica precisamente cuando carece de nuestro soporte material.

 

Para los científicos que apoyan la versión materialista, estas experiencias vienen derivadas de la falta de oxígeno del cerebro, la liberación de endorfinas, una actividad eléctrica anómala en el cerebro o de las propias expectativas psicológicas del paciente. Para la Psicóloga y doctora en Parapsicología, Susan Blackmore, las experiencias en estados alterados de conciencia, o en trances cercanos a la muerte no son más que “una combinación de recuerdos, fantasías, conjeturas afortunadas y expectativas.” ¿Podríamos resumir así la explicación para estas experiencias?

 

Para médicos y estudiosos como Kenneth Ring, Bruce Greyson, Michael Sabom o Pim Vam Lommel, no es tan sencillo, esas experiencias son mucho más complejas como para ser explicadas como una mera falta de oxígeno o una alucinación.Para ellos no hay duda, y nuestro “yo” se haya alojado independiente del sustento físico del cuerpo. Mediante trabajos retrospectivos, recogida de experiencias pasadas de pacientes, y sobre todo, y más valiosos, trabajos prospectivos, donde se estudia al paciente tras reanimaciones cardiopulmonares o tras estados comatosos y se recoge las informaciones y vivencias de éste, han podido acumular una importante base de datos que da al traste con la explicación materialista a estas experiencias.

Las personas que pasan por estas experiencias describen situaciones complejas, sensorialmente hablando, donde se perciben sonidos, brisas, sensaciones, tienen una visión ampliada de 360 º, las experiencias no tienen el halo de ensoñación y de hecho muchos pacientes al regresar del trance refieren sentirse menos vivos. Se producen encuentros y conversaciones con seres fallecidos y una clara percepción extracorporal. Y la experiencia no acaba tras el shock. En la mayoría de los afectados se producen profundos cambios personales. Se produce una mayor aceptación de uno mismo y se desecha cualquier miedo a la muerte, lo que les hace llevar una vida más plena. El fenómeno se ha da en todo el mundo, en diferentes culturas y filiaciones religiosas, sin encontrar a día de hoy un patrón que explique la casuística. ¿Condicionantes culturales? ¿Cómo explicar las experiencias cercanas a la muerte sufridas por niños?

Las alteraciones electroquímicas del cuerpo no pueden explicar una vivencia intensificada, más real que en estado de vigilia, y todavía más rotundo sería explicar estas experiencias cuando el sujeto se ha encontrado en estado de muerte cerebral, donde no existe actividad eléctrica o cardiaca, la muerte clínica.

 

Para estos investigadores la idea de que rebuscar en la anatomía cerebral supondrá encontrar el origen de nuestra consciencia, es tan sólo una presunción que no se llegará a ratificar. Pues el cerebro se trataría de un mero receptor de esa consciencia.

 

¿Cómo explicar el caso de Vicky Noratuk, una mujer ciega de nacimiento que pudo ver mientras estaba inconsciente? La americana, con 22 años sufrió un accidente de coche y fue trasladada inconsciente hasta el hospital. En el fantástico documental de la BBC, “El día en que morí”, explicaba:

“Jamás he podido ver nada, ni luz ni sombras, nada de nada. Muchas personas me preguntan si veo todo negro. Yo no veo nada de nada, y en mis sueños tampoco veo ninguna impresión visual, sólo sabor, tacto y sonido, pero no tengo ninguna impresión visual.Lo siguiente que recuerdo tras el accidente, es estar en el centro médico Harborview observando desde lo alto todo lo que estaba sucediendo, y estaba aterrorizada, porque no estaba acostumbrada a visualizar las cosas, porque nunca lo había hecho, y al principio me daba mucho miedo. De repente reconocí mi anillo de casada, y mi pelo y me preguntaba si eso era mi cuerpo, y si estaba muerta o qué. Los médicos no dejaban de decir que no me podían reanimar y trabajaban sin parar en lo que se supone era mi cuerpo. Sentía que yo estaba separada de mi cuerpo, pero no me importaba. Me puse a pensar, ¿de qué se están preocupando tanto? y después pensé, no estoy ahí, no puedo hacer que me escuchen. Y en cuanto lo pensé atravesé el techo como si no hubiera nada. Fue maravilloso estar ahí fuera, libre y no tener que preocuparme si me podría dar o no contra algo, y sabía perfectamente adonde iba. Me pareció oir unos molinos de viento, era un sonido tan increíble que es difícil describirlo, iba desde los tonos más graves a los tonos más agudos. Al acercarme más y más a la zona, vi árboles, pájaros y a algunas personas, pero todos estaban hechos de luz y podía verlos, era increíble, realmente precioso, y me sentí sobrecogida por aquella experiencia, porque jamás me pude imaginar lo que era la luz. Aun me emociono cuando hablo de ello, porque había momentos en los que sentía que podía saber todo lo que quisiera, que en aquel sitio es donde estaba toda la sabiduría, y de pronto fui enviada de vuelta para poder entrar en mi cuerpo, sentí unos dolores horribles y el cuerpo muy pesado, recuerdo que me sentí muy enferma.”

 

Los casos así se repiten, las experiencias coinciden, y no sólo en situaciones cercanas a la muerte, sino también en situaciones de fuertes shocks, donde no hay carencia de oxígeno.

 

Y si hay algo a lo que desconcierta son a las denominadas “experiencias verificables”. Como explicar que alguien sea capaz de describir una experiencia en la que sale de su cuerpo, con nitidez, y en la que detalla cosas ajenas al lugar en el que se encuentra, describe lugares que es imposible que haya visto dado el lugar o estado en el que se encuentra y que luego son comprobados y verificados por terceros.

 

Situaciones en momentos críticos, bajo muerte clínica, bajo estados de shock o bajo rituales chamánicos potentes, casos que han servido para documentar una larga lista de sucesos anómalos para los que la ciencia trata de dar respuesta y que dan pistas acerca de lo que somos en esencia.

 

¿Qué es eso que parece que trasciende a nuestro cuerpo? Hoy día con los grandes avances en física, las hipótesis son incontables. El mundo de la física de partículas y las grandes teorías que tratan de compaginar el mundo de lo microscópico con lo macroscópico abren la puerta a muchas realidades.El gran humanista y científico Ervin Laszlo, se pregunta, “¿Cuál es la naturaleza de la consciencia? ¿Se originó con el homo sapiens? ¿O es parte del tejido fundamental del cosmos?”

 

Ya Platon vislumbraba una realidad más real que nuestra auténtica experiencia, ésta, dijo, no es más que una sombra de la primera.

 

La pregunta sigue en el aire, susurrando, haciéndonos dudar, removiendo nuestro interior y recordándonos de vez en cuando que quizá somos algo más, y que si no es así, debemos aprovechar el tiempo que se nos ha dado. Alguien dijo una vez que nuestra forma de ver la muerte determina la manera en que vivimos la vida.

¿Somos sólo un conjunto de células con una ordenación compleja y superior? ¿o algo más?

Quizá somos solo espejismos creados por nuestro ego y... nada más

Daniel Dennett

Susan Blackmore, Dr. en Parapsicología y gran escéptica acerca de la consciencia ajena al organismo biológico

¿Dónde se ubica nuestra mente?

Vicky Noratuk, ciega de nacimiento, vio por primera en una experiencia cercana a la muerte

                                                                                                                                      ©Diego Cortijo

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