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  • Diego Cortijo

Yonaguni, la estructura que quiso ser la Atlántida


Afrontar el debate científico sin prejuicios, esa es una de las grandes lecciones que me llevo del arqueólogo Claudio Lozano.

Y el problema surge cuando determinados lugares ya han sido etiquetados por el sensacionalismo. La ciencia ya no quiere mirar ahí, el escepticismo pasa a ser la única manera de aproximarse a la incógnita. Tal es el caso de la estructura de Yonaguni, un lugar despreciado, encasillado, relegado al parecer solo a las fábulas o a ciertos foros.

"Una pirámide de la Atlántida" o "los restos de Lemuria" flaco favor le han hecho estos titulares a una estructura que pocos han investigado.

No será una pirámide, a todos nos gustaría encontrarnos con semejante portento bajo el agua, pero podría ser testigo de la actividad humana hace milenios. Sin duda Yonaguni se trata de una estructura natural, pero parte de la misma ha sido retocada, o al menos favorecida sus fracturas por alguna mano intencionada. Eso es lo que pudo detectar el arqueólogo Lozano en nuestro viaje hace apenas unos meses, donde sí pudimos sumergirnos en la estructura. Algo que debió ocurrir cuando el nivel de las aguas era mucho menor al actual.

Claudio se ha tenido que enfrentar en varias ocasiones a muchos de sus colegas académicos porque sus trabajos subacuáticos ponían en entredicho muchos de los paradigmas actuales. No podemos obviar que están empezando a aparecer por todo el mundo, sumergidos cerca de nuestras costas, restos, contextos geológicos, hasta monolitos, que evidencian la actividad humana mucho antes de lo que se pensaba. Restos ocultados por la subida de las aguas de los últimos milenios, los vestigios más antiguos, que hablan de los primeros pasos de culturas ya conocidas y quizás aporten información sobre culturas totalmente desconocidas.

La tecnología ha avanzado mucho y cada vez estamos más preparados para enfrentarnos a una exploración tan complicada como la subacuática y la información cada vez fluye más sobre sorprendentes restos que se siguen encontrando bajo el mar.

Si los templos de Gobekli Tepe en Turquía, cambiaron los esquemas de la ciencia al datar un gran monumento ceremonial hace más de 11.000 años, el fondo del mar puede que esconda las últimas claves para entender el desarrollo de las civilizaciones.


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                                                                                                                                      ©Diego Cortijo

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